jueves, 12 de marzo de 2020

Ramos Martinez








Alfredo Ramos Martínez (12 de noviembre de 1871 en Monterrey, Nuevo León, México - 8 de noviembre de 1946 en Los Ángeles) fue un pintor, muralista y educador, que vivió y trabajó en México, París y Los Ángeles. Considerado por muchos como el 'padre del modernismo mexicano', Ramos Martínez es mejor conocido por sus pinturas serenas y empáticas de escenas y personas mexicanas tradicionales. De igual manera fue un gran pintor de paisajes y momentos traducidos al impresionismo , mismo que cultivo con vocación y ferviente pasión.

 

 

 Como escribió el reconocido poeta nicaragüense Rubén Darío, “Ramos Martínez es de los que pinta poemas; no copia, interpreta; entiende cómo expresar el dolor del pescador y la melancolía del pueblo”. 

 

Ramos Martínez nació en 1871 en Monterrey, Nuevo León, noveno hijo de Jacobo Ramos y su esposa Luisa Martínez. Su padre fue un exitoso comerciante de joyería, telas finas, plata, trajes bordados y sarapes tejidos a mano de Saltillo. Desde pequeño, Ramos Martínez fue reconocido como un talento prodigioso. Como estudiante, su medio preferido era la acuarela y ganó numerosos premios por sus logros.




Con una gran suerte, Phoebe Hearst asistió a una cena en la Ciudad de México para el presidente de México, Porfirio Díaz, que contó con manteles individuales diseñados y pintados por el joven Ramos Martínez. Hearst quedó tan impresionada con la decoración que pidió conocer al artista y ver otros ejemplos de su trabajo. Después de su encuentro, no solo compró todas las acuarelas de Ramos Martínez, sino que acordó brindar apoyo financiero para el estudio continuo del artista en París. La llegada de Ramos Martínez a París en 1900 coincidió con un mayor desarrollo del movimiento postimpresionista. Pudo ver de primera mano el trabajo de Paul Gauguin, Vincent van Gogh, Henri Matisse, Claude Monet, Georges Seurat y Odilon Redon.  Además, el estipendio mensual de Hearst de 500 francos, combinado con el fluido francés de Ramos Martínez, le proporcionó un estilo de vida cómodo y la posibilidad de viajar por Europa.




Ramos Martínez expuso en varias galerías de París. Una de las principales críticas de arte de la época, Camille Mauclair escribió que el trabajo de Ramos Martínez estaba en la misma categoría que los mejores paisajes impresionistas exhibidos en París. 

 

Cuando nos detenemos para admirar el trabajo de Ramos Martinez, no podemos estar mas de acuerdo en que nuestro artista estaría desde siempre a la altura de los grandes maestros europeos 

 

 

 

Aunque las ventas de su obra de arte estaban en curso, Ramos Martínez había logrado un grado de comodidad como 'parisino', en 1909 sintió un fuerte deseo de regresar a su hogar en México. Cuando llegó Ramos Martínez a principios de 1910, México era una nación en crisis.  La Revolución Mexicana comenzaba en serio y el gobierno de 30 años del presidente Porfirio Díaz estaba al borde del colapso debido a la presión de las reformas políticas de Francisco I. Madero. Un año después de la dimisión del presidente en 1911, los estudiantes de arte de la Academia Nacional convocaron una huelga para protestar contra la "dictadura estética" de la Academia. Exigieron el establecimiento de una 'Academia Libre' y propusieron a Ramos Martínez como director . 


 








Durante las tardes doradas hasta ya bien entrado el luminoso crepúsculo de plenilunio, Alfredo Ramos Martínez vagaba por coyoacán, aquel pueblo de altos campanarios, plazas y angostos callejones, observando las formas geométricas de las enormes piedras de los muros, los cubos de adobe, la redondez de los guijarros. Dibujando incesantemente, regresaba a casa para ahí trasformar sus esbozos en acuarelas de delicada paleta. Ese coyoacán del siglo xvI con sus iglesias, y tianguis de frutas y flores, perdura hoy día en estas obras primerizas de Ramos Martínez.







Gran amigo de Ramos, el poeta, pintor y traductor, José Juan Tablada en su libro de memorias, La feria de la vida (1937), alega que estas acuarelas fueron las primeras manifestaciones artísticas de un arte revolucionario y tuvieron su origen en la observación de las “cosas”… en los fenómenos de la vida cotidiana. Pero, como también explica Tablada, fueron los turistas norteamericanos quienes reconocieron la belleza y el valor de esas acuarelas surgidas de las imágenes ordinarias y extraordinarias que captó Alfredo Ramos Martínez. Estas “cosas”, décadas después, han de reaparecer a través de los recuerdos de Ramos como fondo de sus cuadros californianos, otra vez llamando la admiración y atención de coleccionistas norteamericanos.

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